Es una de las creencias que más daño silencioso hace, y la escucho seguido en mi consulta: la idea de que las pastillas de la presión o del azúcar dañan los riñones, y que por eso es mejor no tomarlas o dejarlas apenas uno se siente bien. Entiendo de dónde viene el miedo, pero como nefróloga necesito ser clara, porque esta confusión termina costando función renal de verdad.

Te lo ordeno con un dato. Según la National Kidney Foundation, la diabetes y la hipertensión juntas causan o contribuyen a dos de cada tres casos nuevos de insuficiencia renal. Dicho de otro modo, lo que de verdad destruye los riñones no son, en la mayoría de los casos, los medicamentos que controlan esas enfermedades, sino la presión y el azúcar mal controladas durante años. La mayoría de los fármacos para la presión, de hecho, están entre las herramientas que usamos para proteger el riñón.

En este artículo te explico, sin tecnicismos, de dónde nace este mito, por qué la mayoría de estos medicamentos protegen tus riñones, cuáles sí requieren cuidado, y por qué la peor decisión que puedes tomar es suspender un tratamiento por tu cuenta.

¿De dónde viene el miedo? La creatinina que sube al empezar el tratamiento

Casi siempre, este temor nace de un malentendido muy concreto. Cuando una persona empieza un medicamento para la presión del grupo de los IECA o los ARA-II, como el enalapril o el losartán, es frecuente que en el siguiente análisis la creatinina aparezca un poco más alta. Para quien no conoce el detalle, la conclusión parece obvia: la pastilla me subió la creatinina, entonces me está dañando el riñón.

Lo que ocurre por dentro es más tranquilizador de lo que parece, aunque conviene entenderlo bien. Estos medicamentos alivian la presión dentro de los filtros del riñón, y ese cambio produce un ascenso pequeño de la creatinina, en general por debajo de un 25 a 30 por ciento, que refleja el efecto normal del medicamento y que tu médico espera ver en los primeros análisis de control. Ese ascenso leve no es lo mismo que un daño renal agudo, y cuando se mantiene estable, en la mayoría de los casos el tratamiento puede continuar bajo supervisión. Ahora bien, quiero ser honesta en un punto: ningún cambio en la creatinina debe tomarse como excusa para relajar los controles. Es tu médico quien decide, con los análisis en la mano, si el tratamiento sigue igual, si se ajusta, o si conviene investigar otras causas como la deshidratación o la combinación con otros medicamentos. Y siempre se revisa la indicación si la creatinina sube más de ese 30 por ciento o si aparece el potasio elevado en la sangre. Si quieres entender mejor qué significan estos valores, lo explico en el artículo sobre la creatinina alta.

Los medicamentos de la presión, en general, protegen el riñón

Aquí está el punto que quiero que te lleves. Los medicamentos que bloquean el sistema renina-angiotensina, como el enalapril y el losartán, no solo bajan la presión: reducen la pérdida de proteína en la orina y enlentecen el avance de la enfermedad renal. Por eso son, muchas veces, los que un nefrólogo elige precisamente para un paciente que ya tiene el riñón amenazado.

Piénsalo al revés y se entiende mejor. La presión alta sin tratar somete a los vasos del riñón a una fuerza constante que los desgasta año tras año, y ese sí es un camino conocido hacia el daño renal, como explico en el artículo sobre cómo la hipertensión daña los riñones. Dejar la pastilla para cuidar el riñón suele lograr justo lo contrario de lo que se busca. No todos los medicamentos para la presión actúan igual, y la elección depende de cada caso, pero la idea de que controlar la presión daña el riñón no se sostiene.

¿Y la metformina y los medicamentos para la diabetes?

Con la diabetes pasa algo parecido, y la metformina es el ejemplo más común de esta confusión. La metformina no daña el riñón. Lo que sucede es que se elimina por vía renal, así que cuando la función del riñón cae por debajo de cierto nivel, el medicamento puede acumularse, y por seguridad se ajusta o se suspende. Es una medida de precaución, no una prueba de que el fármaco sea tóxico para el riñón. Por la misma razón, tu médico puede pedirte suspenderla de forma temporal antes de un estudio con contraste.

De hecho, la historia hoy es todavía más alentadora. Como explico en el artículo sobre diabetes y riñones, existen medicamentos para la diabetes de aparición más reciente que no solo controlan el azúcar, sino que han demostrado proteger el riñón y enlentecer el daño. Un tratamiento bien indicado juega a favor de tus riñones, no en contra.

Entonces, ¿qué medicamentos sí pueden afectar el riñón?

Sería deshonesto decirte que ningún medicamento afecta el riñón, porque no es cierto, y esta es la parte que conviene tener clara. Los que con más frecuencia veo causar problemas no son las pastillas de la presión, sino los antiinflamatorios de venta libre que muchas personas toman para el dolor, como el ibuprofeno o el diclofenaco. Tomados de forma ocasional en una persona sana suelen ser seguros, pero su uso frecuente y prolongado, sobre todo en adultos mayores, en personas deshidratadas o con el riñón ya delicado, sí puede afectar la función renal.

A esa lista se suman la automedicación en general, algunos medios de contraste usados en estudios de imagen, ciertos antibióticos en situaciones específicas, y varios suplementos y productos naturales que se asumen inofensivos y no siempre lo son. La diferencia con los medicamentos de la presión es enorme. Estos últimos se indican y se vigilan para cuidarte, mientras que el riesgo real suele venir de lo que se toma por cuenta propia y sin control.

El verdadero riesgo: dejar el tratamiento por tu cuenta

Si hay algo que quisiera que te quedara de este artículo, es esto: en la enorme mayoría de los casos, el mayor riesgo para tus riñones no es tomar el tratamiento, sino abandonarlo. Cada vez que alguien deja la pastilla de la presión o del azúcar porque cree que le hace daño, la enfermedad de fondo vuelve a avanzar sin freno, y es esa enfermedad, no el medicamento, la que termina dañando el riñón.

Nada de esto significa que debas tomar cualquier cosa sin control. Significa que las decisiones de iniciar, ajustar o suspender un medicamento le corresponden a tu médico, que puede mirar tus análisis y tu caso completo. Si te preocupa cómo están tus riñones con tu tratamiento actual, o si alguien te dijo que tus pastillas te los están dañando, la respuesta no es dejarlas, es consultarlo. Como nefróloga en Santo Domingo, reviso este tipo de dudas todo el tiempo, y en la mayoría de los casos podemos darte tranquilidad con los datos en la mano. Si quieres evaluar tu caso, puedes agendar una consulta.

Preguntas frecuentes

¿El losartán o el enalapril dañan los riñones?

No. En general protegen el riñón, porque reducen la pérdida de proteína en la orina y enlentecen el avance de la enfermedad renal. Al iniciarlos puede haber una subida pequeña y esperable de la creatinina que tu médico vigila, y que no equivale a daño.

¿Por qué me subió la creatinina cuando empecé la pastilla de la presión?

Porque estos medicamentos alivian la presión dentro de los filtros del riñón, y eso produce un ascenso leve de la creatinina, en general por debajo de un 25 a 30 por ciento, que suele estabilizarse en semanas y que no es lo mismo que un daño renal. Es un efecto que tu médico espera y vigila con análisis. No conviene interpretarlo por cuenta propia: es el médico quien decide, según tus valores, si el tratamiento sigue igual o se ajusta.

¿La metformina daña los riñones?

No. La metformina no es tóxica para el riñón, pero se elimina por vía renal, así que cuando la función renal baja mucho se ajusta o se suspende por precaución. Esa decisión la toma tu médico según tus análisis, no es algo que debas hacer por tu cuenta.

¿Qué medicamentos sí pueden dañar los riñones?

Con más frecuencia, los antiinflamatorios de venta libre para el dolor (como el ibuprofeno o el diclofenaco) cuando se usan de forma frecuente y prolongada, sobre todo en personas mayores o con el riñón ya delicado. También la automedicación, algunos contrastes de estudios de imagen y ciertos suplementos. Las pastillas de la presión y del azúcar, en cambio, suelen estar del lado de la protección.

¿Puedo dejar mi medicamento si me preocupa el riñón?

No por tu cuenta. Suspender el tratamiento suele ser más riesgoso para el riñón que mantenerlo, porque deja avanzar la enfermedad de fondo. Si tienes dudas, lo correcto es consultarlo con tu médico, que puede revisar tu caso y ajustar lo que haga falta.

Este contenido tiene fines educativos e informativos. No sustituye la consulta, el diagnóstico ni el tratamiento médico profesional. No suspenda ni modifique ningún medicamento por su cuenta. Ante cualquier duda sobre su salud o su tratamiento, consulte a su médico.

Sobre la autora

La Dra. Elizabeth Villanueva es nefróloga y médico internista en Santo Domingo, dedicada al cuidado del paciente con enfermedad renal, hipertensión y diabetes. Su enfoque combina el control de estas enfermedades con la protección de la función renal a largo plazo.

Fuentes

  • National Kidney Foundation (NKF). Kidney Disease Fact Sheet.
  • KDIGO 2024 Clinical Practice Guideline for the Evaluation and Management of CKD.
  • American Diabetes Association (ADA). Standards of Care in Diabetes, sección 11: Chronic Kidney Disease and Risk Management.
  • Bakris GL, Weir MR. ACE inhibitor-associated elevations in serum creatinine (revisión). PMC.

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