El síndrome de lisis tumoral (SLT) aparece cuando la quimioterapia o la radioterapia destruyen un gran número de células cancerosas a la vez, liberando su contenido químico al torrente sanguíneo. Esa “lluvia” de potasio, fósforo y, sobre todo, ácido úrico puede sobrecargar los riñones y provocar insuficiencia renal aguda si no se actúa con rapidez.
En este tercer capítulo de nuestra serie sobre salud renal oncológica aprenderás por qué controlar el ácido úrico es esencial para prevenir arritmias, convulsiones y daño renal grave. También verás cómo el SLT se relaciona con otros temas que ya cubrimos, como la nefrotoxicidad por medios de contraste y la onco‑nefrología, para que cuentes con una visión integral de tu cuidado.
¿Qué es el síndrome de lisis tumoral?
El SLT es una emergencia metabólica que suele declararse entre 12 y 72 horas después de iniciar tratamientos muy eficaces contra tumores de rápido crecimiento (linfomas, leucemias, tumores germinales). La ruptura masiva de células libera grandes cantidades de ácido úrico y fosfatos, mientras el potasio se eleva y el calcio sérico cae.
Aunque el cuerpo intenta compensar estos cambios, la capacidad de eliminación renal puede verse superada. Si no se corrige, el desequilibrio electrolítico causa arritmias, convulsiones y falla renal que ponen en riesgo la vida. Por eso tanto pacientes como familiares deben conocer los primeros signos y la importancia de la hidratación y la vigilancia de laboratorio.
Factores de riesgo y quiénes están en mayor peligro
No todos los pacientes oncológicos desarrollan SLT. El riesgo es mayor cuando el tumor tiene una alta tasa de proliferación, un gran volumen tumoral o cuando la quimioterapia es especialmente efectiva. Las personas con enfermedad renal crónica, deshidratación, ácido úrico alto de base o insuficiente hidratación intravenosa son aún más vulnerables.
En Santo Domingo, la detección tardía de enfermedades hematológicas y las desigualdades en el acceso a atención nefrológica pueden aumentar la incidencia de SLT. Un enfoque preventivo, con exámenes de sangre previos y seguimiento estrecho, marca la diferencia entre una complicación grave y un tratamiento exitoso.
Mecanismos fisiopatológicos
Los siguientes procesos explican el desequilibrio que caracteriza al síndrome de lisis tumoral:
- Hiperuricemia: degradación de purinas que sube el ácido úrico y obstruye los túbulos renales.
- Hipercalemia: liberación masiva de potasio intracelular que puede causar arritmias.
- Hiperfosfatemia con hipocalcemia secundaria: el fósforo se eleva y atrapa al calcio, provocando tetania y convulsiones.
- Precipitación de cristales: urato y fosfato cálcico se depositan en riñones, agravando la insuficiencia renal.
Estos mecanismos se intensifican cuando la tasa de filtración glomerular (TFG) ya está reducida, de modo que la prevención debe comenzar antes de la primera dosis de quimioterapia.
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Después de identificarlos, el equipo onco‑nefrológico diseña un plan de hidratación y medicamentos que neutralicen cada desequilibrio, evitando que se traduzca en lesión orgánica irreversible.
Manifestaciones clínicas y complicaciones agudas
Al inicio, el SLT puede ser silencioso y detectarse solo en exámenes de sangre. Sin embargo, la evolución es rápida: calambres musculares, náuseas, vómito y una orina más oscura o espumosa pueden ser las primeras señales de alerta.
Si no se actúa, la hipercalemia desencadena arritmias, la hipocalcemia provoca convulsiones y el exceso de ácido úrico bloquea los túbulos renales, desencadenando insuficiencia renal aguda. Identificar estos síntomas a tiempo permite intervenir antes de llegar a la diálisis o a cuidados intensivos.

Diagnóstico: bioquímica e imagen
El diagnóstico se basa en incrementos agudos de ácido úrico, potasio y fósforo, junto con un descenso del calcio. Se considera SLT si se observa un aumento ≥25 % de dos o más de estos marcadores dentro de las 24 h posteriores al tratamiento. Medir la creatinina y la TFG confirma el grado de compromiso renal.
Cuando se sospecha precipitación renal de cristales o hidronefrosis, el médico solicita ecografía renal o tomografía sin contraste, evitando exponer al paciente a más nefrotoxicidad. El monitoreo continuo (cada 6‑8 h) durante los primeros tres días es la regla de oro para detectar desviaciones críticas.
Manejo y control del ácido úrico
Las estrategias fundamentales incluyen:
- Garantizar una buena hidratación con suero por vía intravenosa antes y después de la quimioterapia, para “lavar” tus riñones y ayudarles a eliminar los desechos.
- Tomar alopurinol (en pastillas o inyectable), un medicamento que evita que tu cuerpo produzca demasiado ácido úrico.
- En casos de riesgo elevado o cuando ya hay mucho ácido úrico, usar rasburicasa, que descompone el exceso acumulado y facilita su salida por la orina.
- Si tu producción de orina baja, añadir un diurético suave que estimula la micción, siempre con controles periódicos de los minerales en sangre.
- Ajustar los niveles de potasio y calcio con suplementos de calcio o tratamientos específicos, evitando así alteraciones del ritmo cardíaco y los calambres musculares.
Combinar estas medidas, personalizadas según edad, TFG y tipo de tumor, reduce la mortalidad y evita la diálisis de emergencia. Las decisiones se ajustan cada pocas horas con base en los resultados de laboratorio y la evolución clínica.
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El éxito radica en comenzar el protocolo profiláctico antes del primer ciclo de quimioterapia y mantenerlo hasta que los metabolitos vuelvan a la línea basal.
Prevención y monitoreo continuo
La mejor forma de derrotar el SLT es impedir que aparezca. Para ello, tu oncólogo y tu nefróloga estimarán tu riesgo antes de cada esquema terapéutico y ajustarán la dosis de medicamentos citotóxicos cuando sea necesario. Mantener una ingesta adecuada de líquidos en casa y acudir a tus controles en las 24‑48 h posteriores a la quimioterapia es vital.
La Dra. Elizabeth Villanueva programará chequeos de creatinina, ácido úrico y electrolitos, además de un plan de síntomas de alarma que incluirá fiebre, calambres y cambios en la orina. Con este acompañamiento, la gran mayoría de los pacientes supera su tratamiento sin complicaciones renales de larga duración.
Conclusión
El síndrome de lisis tumoral es una urgencia oncológica prevenible cuando se controla de forma proactiva el ácido úrico y los electrolitos. Con hidratación estratégica, medicamentos adecuados y vigilancia cercana, puedes concentrarte en vencer el cáncer sin comprometer la salud de tus riñones. Este artículo es informativo y no sustituye una valoración individual; ante cualquier síntoma, busca atención médica inmediata.
Si quieres profundizar en otros temas de esta serie, revisa nuestros artículos sobre onco‑nefrología, nefrotoxicidad por medios de contraste, ajuste de dosis de quimioterapia según función renal y uropatía obstructiva en pacientes con cáncer.
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