Cuando le digo a un paciente que necesita cuidar la alimentación por sus riñones, muchas veces la primera reacción es de angustia, como si tuviera que renunciar a todo lo que le gusta y comer distinto al resto de la familia. La buena noticia es que no es así. Una dieta renal bien hecha no consiste en dejar de comer lo nuestro, sino en aprender a ajustarlo.
Empecemos por lo más importante y lo que aplica a casi todos. La recomendación con más respaldo es reducir la sal: las guías internacionales KDIGO sugieren menos de 2 gramos de sodio al día, algo así como una cucharadita de sal en total. A partir de ahí, el resto de la dieta renal no es igual para todos, y ese es el punto que quiero que entiendas bien, porque depende de tu etapa y de tus análisis.
En este artículo te explico los cuatro aspectos que más importan en la dieta renal, cómo se aplican a la comida dominicana de verdad, y por qué una herramienta como Mi Dieta Renal puede hacerte la vida mucho más fácil.
Los cuatro aspectos que más importan
La mayoría de las dietas renales giran alrededor de cuatro elementos: el sodio, el potasio, el fósforo y la proteína. No todos pesan igual en cada persona, y ahí está la clave.
El sodio es el que casi siempre hay que cuidar, porque el exceso retiene líquido y sube la presión. El potasio se restringe sobre todo cuando el análisis lo muestra elevado, no desde el primer día. El fósforo se vigila más a medida que la función renal baja, priorizando reducir el de los aditivos de los ultraprocesados antes que los alimentos naturales. Y la proteína se ajusta, nunca se elimina. Antes de cambiar nada de forma drástica, conviene tener claros tus valores, algo que revisamos con exámenes como la creatinina y la proteína en la orina.
El sodio: lo que aplica a casi todos
Si solo pudieras cambiar una cosa, sería la sal. Y aquí la comida dominicana tiene un reto particular, porque buena parte de nuestro sabor viene de ahí: los cubitos y sazones, el bacalao, los embutidos como el salami y la longaniza, las aceitunas y los caldos concentrados aportan muchísimo sodio.
La estrategia no es comer sin sabor, sino cambiar de dónde viene el sabor. Cocinar con ajo, cebolla, orégano, cilantro ancho, ají y jugo de limón o naranja agria permite platos sabrosos con mucho menos sodio. Reducir los productos enlatados y procesados, y probar la comida antes de echarle sal extra, marca una diferencia enorme. Este cambio, por sí solo, ayuda a controlar la presión y a aliviar la carga del riñón.
El potasio: cuándo cuidarlo y en qué alimentos
El potasio genera muchas dudas, así que vale aclarar algo primero: no todo el mundo con un problema renal tiene que restringirlo. Solo se limita cuando el médico lo indica o cuando el potasio en sangre sale alto, algo más frecuente en etapas avanzadas. En las primeras etapas, restringirlo sin necesidad es un error común.
Cuando sí hay que cuidarlo, conviene saber que varios pilares de nuestra mesa son ricos en potasio. El guineo, el aguacate, las habichuelas, los víveres como la yuca, la yautía, el ñame y la batata, la naranja y el tomate están entre los más altos. Esto no significa prohibirlos de golpe, sino manejarlos con estrategia, por ejemplo con las porciones y con técnicas de cocción que ayudan a reducir el potasio de algunos víveres. Cada caso es distinto, y por eso las cantidades exactas deben salir de tu evaluación.
El fósforo: el mineral que pocos vigilan
El fósforo es el gran olvidado de la dieta renal, y sin embargo importa mucho, sobre todo cuando la función del riñón ya está reducida. Un fósforo alto de forma sostenida afecta los huesos y los vasos sanguíneos.
Las fuentes que más conviene vigilar son los lácteos en exceso, los refrescos de cola y, sobre todo, los alimentos procesados que llevan aditivos de fosfato en la etiqueta. Algunas maltas y bebidas oscuras también pueden llevar ácido fosfórico añadido, así que conviene revisar la etiqueta de tu marca en lugar de darlo por hecho. Hay un detalle que muchos no saben: el fósforo que viene de estos aditivos se absorbe casi por completo, mucho más que el fósforo natural de los alimentos. Por eso, leer las etiquetas buscando la palabra fosfato y reducir lo ultraprocesado es una de las medidas más efectivas.
La proteína: ni de más ni de menos
Aquí quiero ser muy clara, porque es donde más se equivoca la gente por su cuenta. La proteína no se elimina. Lo que se hace es ajustar la cantidad según la etapa de la enfermedad, y esa decisión es del especialista.
Comer demasiada proteína sobrecarga al riñón, pero comer muy poca lleva a la desnutrición, que es igual de peligrosa. El equilibrio depende de tu situación, de si estás en diálisis o no, y de tus análisis. Por eso una dieta renal nunca debería armarse a partir de lo que le funcionó a un conocido, sino de lo que tu caso necesita. Si quieres el panorama general de la enfermedad, lo explico en el artículo sobre qué es la insuficiencia renal crónica.
Cómo llevarlo en la vida real
Toda esta información puede sonar abrumadora, y lo entiendo. Traducir estos principios a lo que pones en el plato cada día, con nuestros propios alimentos, es justo lo difícil. Por eso desarrollamos Mi Dieta Renal, una aplicación pensada para pacientes dominicanos que te ayuda a saber cómo manejar los alimentos de aquí según tu situación, sin tener que memorizar listas ni traducir tablas de otros países. Puedes conocerla en la sección de Mi Dieta Renal.
Aun así, ninguna app ni ningún artículo reemplaza tu evaluación. La dieta renal ideal es la que se ajusta a tus análisis, a tu etapa y a tu vida. Como nefróloga en Santo Domingo, trabajo estos ajustes con cada paciente para que cuidar el riñón no signifique dejar de disfrutar la comida. Si quieres un plan hecho a tu medida, puedes agendar una consulta.
Preguntas frecuentes
¿Qué alimentos debe evitar un paciente renal?
No hay una lista única para todos. Lo que casi siempre conviene reducir es la sal y los ultraprocesados con aditivos de fosfato. La restricción de potasio o fósforo depende de la etapa y de los análisis, por lo que debe indicarla tu médico y no aplicarse por cuenta propia.
¿Puedo comer plátano, víveres y habichuelas si tengo un problema renal?
En las primeras etapas, muchas veces sí, con moderación. Estos alimentos son ricos en potasio, así que si tu potasio en sangre está alto o la enfermedad está avanzada, tu médico puede ajustar las porciones o la forma de prepararlos. No hay que eliminarlos automáticamente.
¿La dieta renal es la misma para todos?
No. Cambia según la etapa de la enfermedad, los resultados de laboratorio y si la persona está en diálisis. Por eso una dieta que le sirvió a otra persona puede no ser la adecuada para ti.
¿Debo dejar de comer proteína?
No. La proteína se ajusta en cantidad, no se elimina. Comer muy poca puede causar desnutrición, que es tan dañina como el exceso. La cantidad correcta la define tu especialista según tu caso.
¿Cómo le bajo la sal a la comida dominicana sin que sepa desabrida?
Cambiando la fuente del sabor: ajo, cebolla, orégano, cilantro ancho, ají y jugo de limón o naranja agria, en lugar de cubitos, sazones con sal y embutidos. Probar la comida antes de añadir sal extra también ayuda mucho.
Este contenido tiene fines educativos e informativos. No sustituye la consulta, el diagnóstico ni el tratamiento médico ni nutricional profesional. Los cambios en la dieta de una persona con enfermedad renal deben hacerse bajo supervisión. Ante cualquier duda sobre su salud, consulte a su médico.
Sobre la autora
La Dra. Elizabeth Villanueva es nefróloga y médico internista en Santo Domingo, dedicada al cuidado del paciente con enfermedad renal crónica, hipertensión y diabetes. Impulsa herramientas como Mi Dieta Renal para acercar la nutrición renal a la realidad dominicana.
Fuentes
- KDIGO 2024 Clinical Practice Guideline for the Evaluation and Management of CKD.
- National Kidney Foundation (NKF). Nutrition and Kidney Disease (sodio, potasio, fósforo, proteína).